viernes, 9 de enero de 2009

Doctora gilipollas

Es increíble, cada día tenemos la gran suerte de cruzarnos con decenas de gilipollas. Y no lo digo sólo yo, como enunciaba mi adorado Enrique Riera Castellano: el numero de imbéciles es infinito (y ojo que eso no quiere decir que esté de acuerdo con las teorías opusianas propias de la secta a la que pertenecía tan ilustre persona).

Bien, esta semana he tenido que acudir al médico. Mi doctora habitual (que también es para darle de comer aparte) estaba de baja o de vacaciones o de lo que la viniese mejor en ese momento así que me pasan con otra. Yo entiendo que como los médicos que sí estaban tenían que comerse el marrón (en su jerga denominado pacientes) de dicha doctora y llevaban un retraso de una hora, pues que no fueran todo alegría y felicidad. Pero señores, qué menos que un minimo de profesionalidad.

El tipeja de mierda esta se me queda mirando con una cara de asco y me dice: -pero a qué has venido? a qué te haga un volante para hacerte análisis sólo? para esto vienes?-. A ver, ya me gustaría a mí poder hacerme los análisis sin tener que pasar de consulta en consulta recanbado papelitos absurdos para que la enfermera me ponga una aguja en la vena, pero no, el sistema me exije que venga a ver tu cara de amargada y a soportar tus preguntas de mierda. Al final se resolvió con un: -hija, nadie se hace análisis de sangre todos los años

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